lunes, 29 de noviembre de 2010

Rodada larga (29.11.2010)

Casi una semana en blanco. Cuando no era el trabajo, eran las condiciones METEO. El caso es que la lluvia dio una tregua, que no dio el frio. Al mediodia la temperatura apenas llegaba a los 10 grados (celsius, of course), pero entre el sol que calentaba timidamente y la ropa que llevaba, la experiencia resultaba agradable.
Hice trece kilómetros (hasta la cima de la colina del CIS), en una hora y veintisesis minutos (6'36"/1000). Sensaciones confusas.

martes, 23 de noviembre de 2010

Mi pequeña prueba (23.11.2010)

Hacía tiempo que tenía ganas de "medir mis fuerzas" e ir a correr en mi "ruta de referencia". Hoy, con unas 24 horas de retraso sobre lo previsto, he encontrado el tiempo (cronológico y meteorológico) para hacer mis diez kilómetros controlados. Se trata de una ruta en la que tengo controladas señales para cronometrar cada uno de los diez kilometros del recorrido.
Al final, el resultado fue mejor de lo esperado, aunque algo por encima de las marcas de hace quince meses, cuando empecé con esto. Pese a todo la sensación es muy positiva. No hubo parón, ni esprint final, ni sensación tipo "Xa morro". A la vista de los resultados kilómetro a kilómetro fui de más a menos: al revés de lo que se supone.
Total, unos 10700 metros, para un tiempo total de 1h 5' (promedio, 6'04" el mil).

La ruta (solo la ida)

viernes, 19 de noviembre de 2010

18.11.2010

Un claro entre las nubes. Tengo claro que no siempre tendré tanta suerte si pretendo cumplir mis dos sesiones por semana de objetivo. El caso es que fue en seco. 8 km 700 metros. 57 minutos. Casi 6'30 el kilómetro. Casi 15 segundos menos en cada kilómetro, y lo noté. Salí cinco minutos antes que el grupo y descubrí que corria con la sensacion de que me perseguian, lo que me hizo ir algo más rápido. Más millas a la espalda.

Ruta

domingo, 14 de noviembre de 2010

El valor solo se supone (14.11.2010)

Este mediodía, a pesar del viento, de la lluvia (un autentico diluvio sobre el puente del tren en Neda), y a la aventura de ir corriendo por un carreiro embarrado que aunque sabes a donde va a dar, no sabes por donde ni cuando. Al final, un recorrido de casi 12 Km (11,730) en 1h 19'... (6' 44'' el mil). Todo un exitazo de sensaciones positivas. Reconozco que si hubiese salido solo, hubiese dado la vuelta al descubrir que la lluvia persistente me iba a acompañar más de la mitad del camino. Ventajas de ir acompañado: el uno por el otro, y nadie dice nada.
El recorrido parece más adecuado para tiempo seco, porque el tramo desde la estación del tren de Neda y el paseo de San Valentín, estaba embarrado y hay varios tramos con madera (resbalaba).
Enlace: (lo corrimos en sentido contrario al mapa)
http://www.mapmyrun.com/route/es/naron/306128975214944633

viernes, 12 de noviembre de 2010

Ultima en diferido (10.11.2010)

Miercoles 10, la previsión meteo de la semana apuntaba una tregua de la lluvia para este día. Me voy solo. Recorrido circular. Despues de la sesión en el estudio, me voy al parking. Crono a cero. Cuesta arriba, muy tranquilo: voy solo, y no tengo prisa. Sin prisa y sin pausa. Diez kilómetros, 100 metros según la ciberherramienta. Una hora 9 minutos, según el crono. Muy bien. Buenas sensaciones. Y a partir de ahora se acaban los post en diferido. A partir de ahora espero hacerlos en caliente: después de estirar y ducharme.

"Primera del año" (04.11.2010)

Jueves 4. Primera salida a la vuelta de Santiago (Año 2). Ritmo tranquilo para la quedada del Studio. Recorrido de 8 Km. con “regalito” en la subida del CIS. Sin demasiado esfuerzo, 52’. Sensaciones satisfactorias.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

XXXIII Carrera Pedestre Santiago (31.10.2010)

Si don Julián Bernal empezó a correr a los 78 años, me supongo que nunca es tarde para empezar a hacerlo. Llevo poco tiempo corriendo (apenas hace año y medio) y además mi fuerza de voluntad siempre ha encontrado buen aliado en el tiempo meteorológico y el trabajo para hacer mi progresión en estos meses, tanto irregular como dudosa. De cualquier manera, el pasado 31 de octubre, tuve la oportunidad de participar en la que fue mi segunda carrera popular: la XXXIII Carreira Pedestre de Santiago.

Había reconocido algunos errores respecto a la participación del año pasado, e intenté corregirlos. Ya colocados en la salida un poco más atrás que en la edición anterior, esperamos pacientemente la señal para empezar a correr.

Comencé la subida por Juan XXIII mucho más conservador que el año pasado, porque había reconocido que en la edición anterior había echado los hígados en el primer kilómetro, y luego no había podido recuperar. Cuando llegamos a Fontiñas, y empezó la bajada, ya noté que iba mucho mejor. No obstante seguía reservándome, porque “Vite siempre es Vite” y este año además habían metido la cuesta de San Francisco, y prometía ser “interesante”. La primera rampa señalable, después de cinco kilómetros de charla con mi compañero, era la calle Santiago de Chile (el primer sitio en el que había parado para andar el año pasado). Este año, con el paso más cauto, no tuve esa necesidad. Llegué bien al Campus Sur, aunque allí me dejó mi compañero (supongo que harto de mi ritmo), y yo seguí adelante, incluso recuerdo que aun bromeábamos entre algunos corredores. La bajada del Campo do Cruceiro do Galo fue desagradable, como siempre. Es demasiado pendiente para que sea cómoda o incluso para poder recuperar algo. Al llegar a Galeras, una señora mayor leyó mi nombre en el dorsal y me dio animos para seguir, a pesar de que allí ya llevaba más de cuarenta minutos mojándome. Luego llegó la cuesta de San Francisco (minuto 50 según el chip), y el ritmo se hizo tan lento que casi iba andando, como la mayoría de la gente con la que coincidí. Al llegar a la iglesia y doblar hacia abajo, ya ni me acordaba de Vite ni de nada. Recuerdo que cayó un fuerte chaparrón que me hizo preguntarme que hacía allí. Llegó Vite, donde igual que el año pasado, hubo que “echar pie a tierra” y subía un rato andando, otro trotando, y así hasta que llegué a la rúa dos Basquiños. Mi ritmo, había experimentado un leve aumento, pero motivado exclusivamente por las ganas de acabar de una vez con aquel sufrimiento y no por ninguna razón técnica. Correr por la ciudad vieja de Santiago siempre es una delicia, aunque yo solo quería acabar. En la última esquina, a pesar del paraguas en ristre con el que me obsequió un fabuloso espectador, comienzo el esprín final con tanta holgura que creo que fui demasiado conservador el resto de la carrera. Al final 1h 19’, casi cinco minutos menos que el año anterior, y lo mejor de todo: ¡Acabé!, ¡que no es poco!.