domingo, 16 de noviembre de 2014

San Martiño 2014

Y llegó el día y nos fuimos a Ourense... personalmente, muy ilusionado ante la que es muy probable que se trate de la carrera decana de las carreras populares gallegas: XXXVIII Carreira Pedestre San Martiño. Nunca antes había participado pero no por ganas, sino por lo lejos que me parecía Ourense. En total, cuatro horas de coche (dos de ida y dos de vuelta) para solo una hora de carrera. El ambiente de una carrera popular de más de 5000 participantes es algo que aunque te lo cuenten, tienes que vivirlo desde dentro para poder darte cuenta de lo espectacular que resulta, aun desde la cola, ver una marea multicolor inundar las calles, y en el caso de Ourense, los puentes. Salimos puntualmente a las 11:00 de la Ponte do Milenio. Conveniente situados a escasa distancia del globo que portaba la liebre de los 60', mi reto personal, bajar la hora. Aunque me habían comentado que era una carrera de perfil plano, muy buena para hacer marca, realmente fue cruzar el Miño y empezar a subir una cuesta que finalmente fue la mas dura del recorrido, hasta culminarla ante la estación del tren (dos años viendo la estación los jueves desde el otro lado). Allí giramos a la derecha para enfilar el Puente Romano. Era la primera de dos veces, y nos sirvió para ver como era el firme de cara a la segunda vez, en pleno sprint final: adoquines y mojados. Allí nos encontramos una corredora con camiseta del CAS que nos hizo recordar a una compañera habitual que se tuvo que perder esta edición del San Martiño por kurring (como dice ella). Nos adentramos en la parte de la ciudad situada en la margen Sur del río. Ahí perdí la referencia que me mantenía orientado. Vi la primera referencia kilométrica en el kilómetro cuatro. Miré el reloj y marcaba veinticutro minutos y medio. Sabía que iba por encima de seis, pero tampoco me procupaba demasiado. Era pronto, y el globo de 60' parecía que estaba mas próximo, porque en la salida lo perdí de vista. Pronto empecé a oír el pitido de la alfombrilla de control de los chips que llevamos en las zapas, y con ella el km5. Mas de 30 minutos, pero la no tanto como era previsible en el kilómetro anterior. A partir de ahí la carrera se me hizo un poco mas cuesta arriba. No por cuestas, que las pocas que encontramos no eran preocupantes (aunque cuando corres en un recorrido nuevo en una ciudad desconocida, cualquier alteración del plano horizontal te preocupa sobre todo si no sabes lo que hay a la vuelta de la esquina), pero había visto un vídeo con el recorrido sobre Google Earth y despues del Km5 hasta casi el 8 no recordaba nada. El aliciente fue que en ese tramo tedioso alcanzamos al tipo del globo, y en el kilómetro 6 lo pasamos. Estaba tan entretenido con la presa, y el globo, que olvide mirar el reloj, pero la cosa no debía de ir mal. Pero seguro que me relajé demasiado, porque me volvió a pasar, y ya me tocó seguirlo. Mi binomio no parecía dispuesto a dejarse cazar por el globo y mantuvo con él la distancia previa. Yo mientras, detrás, cada vez que el globo encontraba arboles sacudía las hojas y el agua que acumulaban me caía encima. ¡Puto globo!, llegué a pensar. Al final de una recta, casi me como una valla mal señalizada que nos obligaba a pasar por otra alfombrilla de control. El incidente hacia que mi referencia se alejase. Apreté el paso y lo alcancé. La marca del 8 no podía estar lejos. Cuando lo alcancé, la liebre preguntó en voz alta por la marca y fue cuando la vi. A partir del km8 el recorrido bajaba, lo que aproveché para pasar el globo e intentar dejarlo atrás. Cuando estábamos a punto de cruzar el Miño por penúltima vez, vi a mi binomio, que repetidamente giraba atrás su cabeza para buscarme. Cuando lo alcancé, pasamos la señal del Km9. El reloj por debajo de 54'. Esto promete. Mi compañero me dice que siga, y la cuesta, casi inexistente parece acabarme de machacar. No puedo. Sigo. Giramos a la derecha donde yo ya esperaba la izquierda para embocar el puente romano. Me desespero. Otra vez juntos. Sigo y reconozco ya el tramo por el que habíamos bajado antes. Seguimos pasando gente. Dios, la primera parte del puente me va a matar: es cuesta arriba. Seguimos pasando corredores, pasamos la cumbre del puente. Tranquilo. Cuidado con los adoquines. Pasamos a una pareja de "chicas", emocionadas que se dicen una a la otra que van a bajar de la hora. Curva cerrada a la derecha al salir del puente. Asfalto. ¡Ahora! ¡Todo!. Mi compi me grita algo, y yo le grito que esprintemos, el reloj de la carrera marca 1 hora. ¡Que bien!. Llego, subo los brazo y paro el crono. ¡¡¡¡ 58' 42" !!!!. Una vez mas, un insignificante paso para la Humanidad, pero una gran paso para el hombre. Han pasado mas de ocho horas, y aun sigo emocionado. ;-)

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