domingo, 21 de diciembre de 2014

"Nunca mais" (21@21)

Fue en verano cuando planteé la posibilidad de hacer una rodada con una distancia total que llegase a la de una media maratón. Noé asumió el reto como propio, y nos propuso una hoja de ruta, donde se reflejaban las tiradas largas que íbamos a hacer los domingos, y que deberían de acompañarse de 1 ó 2 tiradas más cortas pero mas intensas.
Hoy fue la fecha que habíamos escogido para afrontar el reto, al que pusimos de nombre 21@21. Obvio: 21 km el día 21. La elección de la ruta quedó relegada a un segundo plano. Siempre más preocupados por los km que teníamos que hacer cada domingo. Personalmente, la ruta la acabé escogiendo yo, pensando inocentemente, que la distancia era lo único importante independientemente del perfil. De hecho, no probamos la ruta completa hasta dos semanas antes del reto. Y aunque nos pareció un poco durilla, yo le echaba la culpa a ser la primera vez que corríamos por allí. ¡Ni se nos ocurrió plantear un cambio del recorrido!
A las 10:02 arrancamos con paso comedido sabiendo que nos esperaba la distancia del reto. Durante los primeros kilómetros iba cómodo, incluso charlando y riendo con los compañeros de reto. Había resumido en cuatro cuestas los "problemas" de la ruta. En el kilómetro 1,5 me enfrento con una, que no estaba en la lista, pero que consigue que la corone con el aliento entrecortado. "Mal vamos", pensé, si a estas alturas se me corta el aliento, no te digo nada en las cuestas de la lista. Seguimos adelante. En el Km4 llegamos a una de las cuestas que habíamos superado en más ocasiones. Me veo con fuerzas, muy animado, y aprieto (los dientes) y el paso. Llego arriba y sigo animado. Pronto llega la cuesta del 6, primera de la lista. Pago el pato, y nos agrupamos. Cruzamos la carretera general y entramos en uno de los tramos de firme irregular. La segunda cuesta de la lista, hacia el siete, pronto aparece ante nuestros ojos. Pronto demostró ser más llevadera de lo que yo esperaba. Después de una pequeña bajada (aun de firme irregular), encaramos la pista que lleva a la playa de Santa Comba, alejándonos de la playa. Aparentemente, el punto mas alto de la ruta. La bajada es agradable. Pronto nos vemos en la recta interminable de Ponzos, al final de la que, en medio de la niebla, se ven el inicio de la ladera de A Lagoa, en el que nos espera la tercera cuesta, en el Km 9. Subí como pude, pero no paré, lo que mentalmente se transformó en un éxito personal porque dos semanas antes había tenido que echar el pie a tierra. Giro a la izquierda y ya se huele el punto intermedio de la ruta. Zigzag. Tres curvas. Derecha, pequeña rampa, izquierda, derecha y parada para foto en las escaleras de la Senda Artabra. Apenas un minuto. Foto, y arranca de vuelta. Los mensajes positivos del Sensei, son cada vez mas frecuentes.
La vuelta, por el mismo sitio. La cuesta dura del 9 se transforma en una bajada de recuperación en el 11. Pero allá está la cuarta cuesta dura. Antes de llegar a ella, mi espalda cruje y paro. Tenía asumido que si paraba alguna vez ya no podría arrancar de nuevo. Vuelvo a arrancar. Subo como puedo. Veo un indicador y me paro. Me agarro a él y estiro la espalda apenas 30". Solo veo a Noé. Se me va a hacer duro. Arranco de nuevo. A partir de ahí empieza el sufrimiento. Mario se da la vuelta y me rescata. Sigo hasta el Km 14. Subo la cuesta andando. No puedo parar mas. Sigo, en la recta los veo a todos, pero antes de llegar a la carretera general vuelvo a seguir andando. Las bajadas las llevo bien. Al llegar al 15, llaneamos. Noé, a mi lado, con mas frases de animo. Comienzo a notar molestias en un pie. Vuelvo a andar. 500 metros. Arranco, otra bajada. Km 16. ¡Dios mio, no me vuelvo a meter en otra de estas!. Sigo andando, y esta vez será para largo. No quiero seguir. Me duele el pie, las piernas, y la espalda no da tregua. No sé como pero en un momento me di cuenta de que iba andando todo lo rápido que podía. Debí de andar cerca de dos kilómetros. No recuerdo lo que pensaba, pero creo que lo único que oía era "No puedo, no puedo".
De pronto vi que se acercaba alguien corriendo en sentido contrario, y pronto reconocí la voz del Sensei dando ánimos. No puedo. Sigo andando. Otra bajada. Ahora o nunca. Comienzo a trotar con la inercia de la cuesta abajo. Por un momento creo que voy a seguir, pero cuando la pendiente se vuelve a poner en contra, vuelvo a echar el pie a tierra. Km 20. Esto se acaba. No controlo mis piernas. Noé sigue a mi lado. Pronto se nos une Mario que viene a nuestro encuentro. Hasta que, en un final épico, hacemos todos juntos mis últimos 50 metros. Emocionante.
Sensaciones nefastas. Sufrí mucho, y no disfruté más que la ida. Ahora, poco mas de diez horas han pasado, los isquios los noto muuuuy cargados , me duele un tobillo, y un dedo del otro pie que promete una bonita uña negra. Pero ... ¡¡¡¡ya estoy pensando en el próximo reto!!!!.

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