La nueva etapa empezó a cocinarse al acabar la Pedestre de Santiago del año pasado. Casi acaba conmigo. Aunque realmente era mi estado lo que casi termina conmigo.
Lo primero que aprendí fue que estaba corriendo demasiado lento. Lo medimos en la cinta y corría a una frecuencia entre 145 y 150 pasos por minuto. Reconozco que ha sido casi una obsesión, porque este año incorporé a mis salidas unos auriculares conectados al móvil que iba ejecutando una aplicación que simula un metrónomo, y me ha permitido ir aumentando la cadencia hasta los 180 ppm a los que corro ahora, sin necesidad de la ralladura de cabeza que puede parecer correr escuchando tres bips por segundo durante aproximadamente una hora. Aunque esto tambien me ha hecho que vaya algo más rápido.
En esta nueva etapa que decidí estrenar oficialmente hace un par de domingos, me he propuesto tomarmelo un poco más en serio que antes. La regularidad es algo fundamental, y en esta ocasión, además, le echaré un poco de entrenamiento especifico.
Y acabo esta entrada con una de mis frases favoritas, que siempre había atribuido a Sir Oliver Cromwell, y que parece que no está tan claro quien la dijo. Dicen que dijo "Nunca se va tan lejos, como cuando no se sabe a dónde se va". Y yo ahora mismo, no se a donde voy.
No hay comentarios:
Publicar un comentario