miércoles, 21 de septiembre de 2016

Una quedada dominical 1.0 (un año despues)


Aun no sé porqué, pero esta entrada se quedó traspapelada en la carpeta Borrador. La he rescatado, un año despues y me da pena descartarla. Es del 13 de septiembre de 2015. Aquí está, tal cual estaba:

La clásica quedada de los domingos por la mañana no fue una cualquiera. Hoy olía a mojado y estuve a punto de volver a la cama, como si el despertador me hubiese hecho despertar en una pesadilla. Como en tantas otras ocasiones, no dejar la salida matinal a mi propio albedrio es crucial, y dejarse llevar por compañeros que lo ven más claro, o se crecen ante la propia debilidad, es lo mejor del compromiso dominical.

Así pintaba la Malata cuando llegamos, aunque tuvimos mucha suerte, y las condiciones meteo fueron siempre propicias, incluso en un momento, ya avanzado de la salida, que el agua nos refrescó durante un par de minutos (ni orballo se le podía llamar).

El caso es que nos bajamos del coche, y casi sin mediar palabra, echamos a trotar hacia la pasarela del puerto. Intenté forzar la conversación desde los primeros metros, lo que me valió ir oyendo mis propios pitos entre mi entrecortado parloteo.
Allí dimos la vuelta, y ya a la altura del parque biosaludable, nos tropezamos con Ana. La efusividad de la recién incorporada nos obligó a detenernos por unos segundos, pero ya en automático seguimos trotando hacia la cuesta del CIS. Poca gente encontramos por el paseo, fruto de una mañana aparentemente desapacible. 
Comenzamos la subida al CIS. No sé porqué, debe de ser que me acordé de dos habituales que hecho en falta (los 30'' de cambio de ritmo al poco de empezar, o la subida alegre de las cuestas) el caso es que me disparo, aun a sabiendas de que no aguantaré la subida a ese ritmo, pero allá voy. Mientras dure...
Cuando las gacelas neutralizan mi escueta escapada, reanudo el trote. Enseguida empezamos a bajar. "Cojamos el atajo de los leones". Llegamos a la Cabana, el ritmo es cómodo y muy llevadero, y la conversación muy animada. Pronto llegamos a "La Nave" para a continuación, acometer la subida. Ya desde el principio, dejamos claro al unísono que cada uno suba como pueda. Primer tramo, segundo tramo, hasta ahí todo es normal. Adapto mi ritmo a lo que me queda, y consigo llegar hasta arriba sin parar, cuando el tercer tramo siempre suele ser el más indigesto. Pero hoy olía a café.
En el tramo de la calle Real Alta, miro el reloj y veo llegamos a la parte más alta del recorrido en el minuto 32. Bajamos relajadamente. Recordamos las primeras ocasiones en las que pisabamos este recorrido, cuando venía el Sensei ("¿el Sensei vino algún domingo?"), y las paradiñas en el mirador haciendo Photo Running.
Cuando el recorrido pica muy ligeramente hacia arriba, antes del cruce a la capilla de San Antonio, los tres recordamos pequeños comentarios sobre tecnica de carrera, y hacemos cada uno un poco. Llegamos a la bajada en slalom a la carretera general. "¡Oh! ¡¡¡Gravilla suelta!!!... cuidado con los resbalones". Finalmente llegamos hasta abajo, afortunadamente sin caidas, y con ganas de intentarlo, volvemos a enfilar la cuesta de las Gacelas hacia la Graña. Ahora las piernas me parece que vayan a estallar. Aguanto el primer tramo, y en el segundo, pincho. Las gacelas siguen su senda, y yo me recuerdo que lo importante es no parar. Paso rápido. 
Volvemos a enfilar la calle Real Alta. Coronamos 12' despues de la primera pasada. Alguien sugiere una tercera subida, pienso en lo mucho que me costó la segunda y en automatico me ofrezco a esperarla tranquilamente en la Cabana, mientras ella cumple su propio reto. Ana dice que tampoco tiene prisa, que tambien puede esperar. Intento picarla, en vano. Ganas no le faltaban.  O, ¿era todo de boquilla?. Mecanicamente, cuando llegamos al mismo sitio de antes, volvemos a darle a la tecnica de carrera. Igual que antes, volvemos a la carretera general, pero esta vez ya para retomar el paseo de la Cabana. Allí discutimos un poco al ritmo al que hay que correr. "Hay que correr a doce". "¿A doce?". Dudamos entre andar a doce el mil, o volar a doce kilómetros el minuto. Pero los tres coincidimos en que es mejor seguir a nuestro ritmo. Subimos la exigente cuesta de Poniente del CIS, y parece que vamos tan crecidos que ya no nos vale el atajo de los leones, y bajamos y subimos por la senda de las gacelas como si esto del running no tuviese secretos para nosotros.
Bajamos la cuesta de Levante, y ahí nos vemos a medio kilómetro para el final. Veo la marca de "0" en el bordillo y recuerdo que hay 400 metros hasta el comienzo de la recta. Aumento el ritmo de una forma que me desconozco a mi mismo. Finalmente termino al sprint, lo que me da pie a pensar que no ha sido mal día.

















Solo hay una cosa más dificil que tener constancia a la hora de correr, y es tener constancia a la hora de escribir un blog. De cualquier manera, me ha tocado compartir la crónica de hoy, y me ha parecido la ocasión perfecta para retomar el blog.

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